Mateo 26:41-65
41
Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad [está] dispuesto, pero la carne es débil.
42
Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
43
Y vino, y otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados [de sueño].
44
Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
45
Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad; he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
46
Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.
47
Y cuando Él aún hablaba, vino Judas, uno de los doce, y una gran multitud con él, con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes y de los ancianos del pueblo.
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Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle.
49
Y luego se acercó a Jesús, y dijo: ¡Salve Maestro! Y le besó.
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Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces vinieron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.
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Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo [su] mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le cortó su oreja.
52
Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.
53
O ¿piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y Él me daría más de doce legiones de ángeles?
54
¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?
55
En aquella hora, dijo Jesús a la multitud: ¿Como contra un ladrón habéis salido, con espadas y palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.
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Pero todo esto es hecho, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
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Y los que prendieron a Jesús, le llevaron a Caifás el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos.
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Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los siervos, para ver el fin.
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Y los príncipes de los sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a muerte,
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pero no lo hallaron; aunque muchos testigos falsos venían, [pero] no lo hallaron. Y a la postre vinieron dos testigos falsos,
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que dijeron: Éste dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.
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Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?
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Mas Jesús callaba. Y el sumo sacerdote respondiendo, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.
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Jesús le dijo: Tú lo has dicho. Además os digo: Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra de poder, y viniendo en las nubes del cielo.
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Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia.
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