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Versículos bíblicos sobre Parables
Versículos clave
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.
y le vino una gran hambre, y quiso comer; pero mientras ellos preparaban, le sobrevino un éxtasis;
y vio el cielo abierto, y un vaso que descendía hacia él, como un gran lienzo atado de los cuatro cabos, y era bajado a la tierra;
en el cual había de toda clase de cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.
Y le habló la voz la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
Y esto fue hecho tres veces; y el vaso volvió a ser recogido en el cielo.
Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, y otro de la libre.
Pero el de la sierva nació según la carne; mas el de la libre [lo fue] por la promesa.
Lo cual es una alegoría; porque éstos son los dos pactos; el uno del monte Sinaí, el cual engendra para servidumbre; el cual es Agar.
Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, que corresponde a la que ahora es Jerusalén, y está en servidumbre con sus hijos.
Mas la Jerusalén de arriba es libre; la cual es la madre de todos nosotros.
Porque está escrito: Alégrate estéril, tú que no das a luz: Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto, porque más son los hijos de la dejada, que de la que tiene marido.
Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.
Pero como entonces el que nació según la carne, perseguía al que [nació] según el Espíritu; así también [es] ahora.
Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo; porque el hijo de la sierva no será heredero con el hijo de la libre.
Así que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
Tú, pues, sufre aflicciones como fiel soldado de Jesucristo.
Ninguno que milita se enreda en los negocios de [esta] vida; a fin de agradar a aquel que lo escogió por soldado.
Y aun también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.
El labrador que trabaja, debe ser el primero en participar de los frutos.
Pero en una casa grande, no sólo hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y asimismo unos para honra, y otros para deshonra.
Así que, si alguno se limpiare de estas cosas, será vaso para honra, santificado y útil para los usos del Señor, y preparado para toda buena obra.
Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.