Versículos bíblicos sobre Husbands
Versículos clave
Y envió Jacob, y llamó a Raquel y a Lea al campo, donde estaba su rebaño,
y les dijo: Veo que el semblante de vuestro padre no es para conmigo como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.
Y vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre:
Y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios no le ha permitido hacerme daño.
Entonces vinieron a Él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su esposa por cualquier causa?
Él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que [los] hizo al principio, varón y hembra los hizo?
Y dijo: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne.
Así que no son ya más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.
Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras esposas; pero al principio no fue así.
Y yo os digo: Cualquiera que repudiare a su esposa, a no ser por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera; y el que se casare con la repudiada, adultera.
pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.
Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa;
y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino una carne.
Mas para [evitar] fornicaciones, cada varón tenga su propia esposa, y cada mujer tenga su propio marido.
El marido pague a su esposa la debida benevolencia; y asimismo la esposa a su marido.
La esposa no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido; e igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la esposa.
Maridos, amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella;
para santificarla limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra,
para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.
Así los maridos deben amar a sus esposas como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama.
Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y la cuida, como también el Señor a la iglesia;
porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
Por esto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne.
Este misterio grande es; mas yo hablo en cuanto a Cristo y a la iglesia.