Hechos 27:1-18
1
Y cuando fue determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.
2
Y embarcándonos en una nave adrumentina, queriendo navegar junto a las costas de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica.
3
Y al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuese a sus amigos, para ser asistido por ellos.
4
Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios.
5
Y habiendo pasado el mar de Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, [ciudad] de Licia.
6
Y hallando allí el centurión una nave de Alejandría que navegaba a Italia, nos embarcó en ella.
7
Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos a sotavento de Creta, junto a Salmón.
8
Y costeándola difícilmente, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
9
Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, habiendo ya pasado el ayuno, Pablo [les] amonestaba,
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diciéndoles: Varones, veo que con perjuicio y mucho daño habrá de ser la navegación, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras vidas.
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Pero el centurión creía más al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía.
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Y porque el puerto era incómodo para invernar, la mayoría acordaron zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, [que es] un puerto de Creta que mira hacia el nordeste y sudeste, e invernar allí.
13
Y soplando una suave brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, izando velas, iban costeando Creta.
14
Pero no mucho después se levantó en su contra un viento tempestuoso, que se llama Euroclidón.
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Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, resignados, dejamos [la nave] a la deriva.
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Y corriendo a sotavento de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos salvar el esquife;
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el cual subido a bordo, usaban de refuerzos, ciñendo la nave; y teniendo temor de que diesen en la Sirte, arriando velas, quedaron a la deriva.
18
Y siendo azotados por una vehemente tempestad, al día siguiente alijaron la nave;
Texto bíblico: Reina Valera Gómez · Copyright © 2004, 2010, 2023 Dr. Humberto Gómez Caballero
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