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Hechos 8:1-22

Hechos 8:1-22

1
Y Saulo consentía en su muerte. Y en aquel tiempo fue hecha una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.
2
Y unos varones piadosos llevaron a [enterrar] a Esteban, e hicieron gran lamentación por él.
3
Y Saulo asolaba la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando hombres y mujeres [los] entregaba en la cárcel.
4
Pero los que fueron esparcidos, iban por todas partes predicando la palabra.
5
Entonces Felipe descendió a la ciudad de Samaria, y les predicaba a Cristo.
6
Y el pueblo, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo los milagros que hacía.
7
Porque espíritus inmundos, dando grandes voces, salían de muchos poseídos; y muchos paralíticos y cojos eran sanados.
8
Y había gran gozo en aquella ciudad.
9
Pero había un hombre llamado Simón, el cual había ejercido la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande.
10
A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Éste es el gran poder de Dios.
11
Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había hechizado mucho tiempo.
12
Pero cuando creyeron a Felipe, que les predicaba acerca del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, fueron bautizados, así hombres como mujeres.
13
Entonces Simón mismo también creyó, y cuando fue bautizado, permaneció con Felipe, y viendo las maravillas y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
14
Y los apóstoles que estaban en Jerusalén, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan;
15
quienes, habiendo descendido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo;
16
porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.
17
Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.
18
Y cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
19
diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos, reciba el Espíritu Santo.
20
Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se adquiere con dinero.
21
No tienes tú ni parte ni suerte en este asunto; porque tu corazón no es recto delante de Dios.
22
Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón.

Texto bíblico: Reina Valera Gómez · Copyright © 2004, 2010, 2023 Dr. Humberto Gómez Caballero

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