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Mateo 16:1-22

Mateo 16:1-22

1
Y vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.
2
Mas Él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: [Hará] buen tiempo, porque el cielo tiene arreboles.
3
Y por la mañana: Hoy [habrá] tempestad, porque el cielo tiene arreboles y está nublado. ¡Hipócritas! que sabéis discernir la faz del cielo; ¿Mas las señales de los tiempos no podéis?
4
La generación perversa y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.
5
Y viniendo los discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.
6
Entonces Jesús les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
7
Y ellos hablaban entre sí, diciendo: [Esto dice] porque no trajimos pan.
8
Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué discutís entre vosotros, hombres de poca fe, que no trajisteis pan?
9
¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes [entre] cinco mil, y cuántas cestas alzasteis?
10
¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?
11
¿Cómo es que no entendéis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
12
Entonces entendieron que no [les] había dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
13
Y viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
14
Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
15
Él les dice: ¿Y vosotros quién decís que soy yo?
16
Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
17
Y respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres Simón hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
18
Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
19
Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo.
20
Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que Él era Jesús el Cristo.
21
Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
22
Y Pedro, tomándole aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
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