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Hechos 10:1-33

Hechos 10:1-33

1
Y había un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana,
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piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios siempre.
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Éste vio claramente en visión, como a la hora novena del día, al Ángel de Dios que entraba a [donde] él [estaba] y le decía: Cornelio.
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Y mirándole, tuvo miedo, y dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido como un memorial delante de Dios.
5
Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, que tiene por sobrenombre Pedro.
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Éste posa en casa de cierto Simón, curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que debes hacer.
7
Y cuando se fue el Ángel que habló con Cornelio, [éste] llamó dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que continuamente le asistían;
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a los cuales, después de contarles todo, los envió a Jope.
9
Y al día siguiente, yendo ellos de camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora sexta;
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y le vino una gran hambre, y quiso comer; pero mientras ellos preparaban, le sobrevino un éxtasis;
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y vio el cielo abierto, y un vaso que descendía hacia él, como un gran lienzo atado de los cuatro cabos, y era bajado a la tierra;
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en el cual había de toda clase de cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
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Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
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Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.
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Y le habló la voz la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
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Y esto fue hecho tres veces; y el vaso volvió a ser recogido en el cielo.
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Y mientras Pedro dudaba dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí, los hombres que habían sido enviados por Cornelio, que, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta.
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Y llamando, preguntaron si Simón que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí.
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Y mientras Pedro pensaba en la visión, el Espíritu le dijo: He aquí, tres hombres te buscan.
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Levántate, pues, y desciende, y no dudes de ir con ellos; porque yo los he enviado.
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Entonces Pedro, descendiendo a los hombres que le eran enviados por Cornelio, dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?
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Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y de buen testimonio en toda la nación de los judíos, fue avisado de Dios por un santo Ángel, de hacerte venir a su casa, y oír de ti palabras.
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Entonces los invitó a entrar y los hospedó. Y al día siguiente Pedro se fue con ellos; y lo acompañaron algunos de los hermanos de Jope.
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Y al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos.
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Y cuando Pedro entraba, Cornelio salió a recibirle; y postrándose a sus pies, [le] adoró.
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Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre.
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Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido.
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Y les dijo: Vosotros sabéis que es abominable a un varón judío juntarse o acercarse a extranjero; pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o inmundo;
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por lo cual, al ser llamado, vine sin objetar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?
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Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayuno; y a la hora novena yo oraba en mi casa, y he aquí un varón se puso delante de mí en vestidura resplandeciente,
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y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria delante de Dios.
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Envía, pues, a Jope, y haz venir a un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro; éste posa en casa de Simón, curtidor, junto al mar; el cual cuando venga, te hablará.
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Así que en seguida envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha encomendado.
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