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2 Reyes 10:1-28

2 Reyes 10:1-28

1
Y tenía Acab en Samaria setenta hijos; y escribió cartas Jehú, y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los ayos [de los hijos] de Acab, diciendo:
2
Presto que lleguen estas cartas a vosotros, siendo que [tenéis] los hijos de vuestro señor, y que [tenéis] carros y gente de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas,
3
mirad cuál es el mejor y el más recto de los hijos de vuestro señor y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor.
4
Mas ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí dos reyes no pudieron resistirle, ¿cómo le resistiremos nosotros?
5
Y el mayordomo, y el presidente de la ciudad, y los ancianos, y los ayos [de los hijos], enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandares; no elegiremos por rey a ninguno; tú harás [lo que] bien te pareciere.
6
Él entonces les escribió la segunda vez diciendo: Si [sois] míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los varones hijos de vuestro señor, y venid mañana a estas horas a mí a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, [estaban] con los principales de la ciudad, que los criaban.
7
Y sucedió que cuando la carta llegó a ellos, tomaron a los hijos del rey y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastas y se las enviaron a Jezreel.
8
Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han traído las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana.
9
Y sucedió que venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo el pueblo: Vosotros [sois] justos; he aquí yo conspiré contra mi señor y lo maté, pero, ¿quién mató a todos éstos?
10
Sabed ahora que de la palabra de Jehová, la cual habló Jehová sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías.
11
Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, y a todos sus príncipes, y a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, que no le quedó ninguno.
12
Y se levantó de allí, y vino a Samaria; y llegando él, en el camino, a una casa de esquileo de pastores,
13
halló allí a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y les dijo: ¿Quién [sois] vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías y hemos venido a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina.
14
Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.
15
Yéndose luego de allí se encontró con Jonadab, hijo de Recab, [que venía] a su encuentro, y después de saludarle, le dijo: ¿Es recto tu corazón, como el mío [es] recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio su mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro.
16
Y le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo pusieron, pues, en su carro.
17
Y cuando [Jehú] llegó a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta extirparlos, conforme a la palabra de Jehová, que Él había hablado a Elías.
18
Y Jehú reunió a todo el pueblo y les dijo: Acab sirvió poco a Baal; [mas] Jehú lo servirá mucho.
19
Llamadme, pues, luego, a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte ninguno, porque tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera que faltare, no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para destruir a los que honraban a Baal.
20
Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos convocaron.
21
Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, que no faltó ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de cabo a cabo.
22
Entonces dijo al que [tenía] el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras.
23
Y entró Jehú con Jonadab, hijo de Recab, en el templo de Baal y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los siervos de Baal.
24
Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso afuera a ochenta hombres y les dijo: Cualquiera que dejare vivo alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la vida de él.
25
Y aconteció que cuando acabó de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de la guardia y a los capitanes: Entrad y matadlos; que no escape ninguno. Y los mataron a filo de espada: y los dejaron tendidos los de la guardia y los capitanes, y fueron hasta la ciudad del templo de Baal.
26
Y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron.
27
Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal, y lo tornaron en letrina, hasta hoy.
28
Así extinguió Jehú a Baal de Israel.
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