Marcos 5:6-30
6
Y cuando vio a Jesús de lejos, corrió y le adoró.
7
Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tengo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
8
Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.
9
Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.
10
Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella provincia.
11
Y estaba allí cerca del monte un hato grande de puercos paciendo.
12
Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.
13
Y luego Jesús se los permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos (los cuales eran como dos mil); y el hato se precipitó al mar por un despeñadero; y en el mar se ahogaron.
14
Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.
15
Y vinieron a Jesús, y vieron al que había sido poseído del demonio y había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
16
Y los que lo habían visto les contaron cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.
17
Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos.
18
Y entrando Él en la barca, el que había estado poseído del demonio le rogaba que le dejase estar con Él.
19
Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y [cómo] ha tenido misericordia de ti.
20
Y yéndose, comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él; y todos se maravillaban.
21
Y cuando Jesús pasó otra vez en una barca al otro lado; una gran multitud se reunió alrededor de Él; y Él estaba junto al mar.
22
Y he aquí, vino uno de los príncipes de la sinagoga llamado Jairo, y luego que le vio, se postró a sus pies,
23
y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está a punto de morir; ven y pon tus manos sobre ella para que sea sana, y vivirá.
24
Y [Jesús] fue con él, y mucha gente le seguía, y le apretaban.
25
Y una mujer que padecía flujo de sangre por ya doce años,
26
y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y no había mejorado, antes le iba peor,
27
cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y tocó su manto.
28
Porque decía: Si tan sólo tocare su manto, seré sana.
29
Y al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en [su] cuerpo que estaba sana de aquel azote.
30
Y enseguida Jesús, sabiendo en sí mismo el poder que había salido de Él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mi manto?
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