Lucas 24:29-53
29
Pero ellos le constriñeron, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
30
Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y [lo] bendijo, y partió, y les dio.
31
Entonces les fueron abiertos los ojos y le reconocieron; mas Él se desapareció de su vista.
32
Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
33
Y levantándose en la misma hora, se regresaron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,
34
que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
35
Entonces ellos contaron las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.
36
Y mientras ellos hablaban estas cosas, Jesús mismo se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
37
Entonces ellos espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu.
38
Mas Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos en vuestros corazones?
39
Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpadme y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
40
Y habiendo dicho esto, les mostró las manos y los pies.
41
Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?
42
Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.
43
Y Él lo tomó y comió delante de ellos.
44
Y les dijo: Éstas [son] las palabras que os hablé, estando aún con vosotros; que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y [en] los profetas, y [en] los Salmos.
45
Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;
46
y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;
47
y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
48
Y vosotros sois testigos de estas cosas.
49
Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre: mas vosotros quedaos en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos con poder de lo alto.
50
Y los condujo fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo.
51
Y aconteció que bendiciéndolos, fue apartado de ellos, y llevado arriba al cielo.
52
Y ellos, habiéndole adorado, regresaron a Jerusalén con gran gozo;
53
y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.
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