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Versículos bíblicos sobre Parables
Versículos clave
Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.
Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y cuenta el costo, [para ver] si tiene [lo que necesita] para acabarla?
No sea que después que haya echado el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él,
diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
¿O qué rey, yendo a hacer guerra contra otro rey, no se sienta primero y consulta si con diez mil puede salir al encuentro del que viene contra él con veinte mil?
De otra manera, cuando el otro aún está lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Buena es la sal; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será sazonada?
No es útil ni para la tierra, ni para el muladar; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.
Y Él les relató esta parábola, diciendo:
¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, [la] pone sobre sus hombros, gozoso;
y viniendo a casa, reúne a sus amigos y a [sus] vecinos, diciéndoles: Regocijaos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
Y cuando [la] halla, reúne a [sus] amigas y a [sus] vecinas, diciendo: Regocijaos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.
Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;
y el menor de ellos dijo a [su] padre: Padre, dame la parte de los bienes que [me] pertenece. Y [él] les repartió [sus] bienes.
Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase puercos.
Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie le daba.
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;