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Hechos 13:11-35

Hechos 13:11-35

11
Ahora pues, he aquí la mano del Señor es contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por un tiempo. Y al instante cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quién le condujese de la mano.
12
Entonces el procónsul, viendo lo que había sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
13
Y zarpando de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia. Y Juan, apartándose de ellos, se regresó a Jerusalén.
14
Y ellos pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia, y entrando en la sinagoga un día de sábado, se sentaron.
15
Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron a ellos, diciendo: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
16
Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dijo: Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd:
17
El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella.
18
Y por un tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto;
19
y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán, les repartió por herencia sus tierras.
20
Y después de esto, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel.
21
Luego demandaron rey; y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años.
22
Y quitado éste, les levantó por rey a David, del cual dio también testimonio, diciendo: He hallado a David, [hijo] de Isaí, varón conforme a mi corazón, el cual hará toda mi voluntad.
23
De la simiente de éste, conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel;
24
predicando Juan, antes de su venida, el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.
25
Y cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy yo? No soy yo [Él]. Mas, he aquí, viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de sus pies.
26
Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación.
27
Pues los que habitaban en Jerusalén, y sus príncipes, no conociendo a Éste, ni las palabras de los profetas que se leen todos los sábados, al condenarle, las cumplieron.
28
Y aunque no hallaron en Él causa de muerte, pidieron a Pilato que se le matase.
29
Y habiendo cumplido todas las cosas que de Él estaban escritas, quitándole del madero, le pusieron en el sepulcro.
30
Pero Dios le resucitó de los muertos.
31
Y Él fue visto muchos días por los que habían subido juntamente con Él de Galilea a Jerusalén, los cuales son sus testigos al pueblo.
32
Y nosotros os anunciamos el evangelio de aquella promesa que fue hecha a los padres,
33
la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros; resucitando a Jesús; como también en el salmo segundo está escrito: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
34
Y que le resucitó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David.
35
Por eso dice también en otro [salmo]: No permitirás que tu Santo vea corrupción.
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