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El lamento del profeta por la corrupción
Miqueas 7:1-6
1
¡Ay de mí! porque he venido a ser como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, que no queda racimo para comer; mi alma desea los primeros frutos.
2
Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno [hay] recto entre los hombres: todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano.
3
Para completar la maldad con ambas manos, el príncipe demanda, y el juez [juzga] por recompensa; el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman.
4
El mejor de ellos [es] como el abrojo, y el más recto, como el zarzal; el día de tus atalayas y de tu visitación viene; ahora será su confusión.
5
No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe: de la que duerme a tu lado, guarda, no abras tu boca.
6
Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre [son] los de su propia casa.
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