Juan 11:30-44
30
Porque Jesús aún no había llegado a la aldea, sino que estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.
31
Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se levantó aprisa y salió, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.
32
Y cuando María llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
33
Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que habían venido con ella, también llorando, se conmovió en espíritu y se turbó,
34
y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.
35
Jesús lloró.
36
Dijeron entonces los judíos: ¡Mirad cuánto le amaba!
37
Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía Éste, que abrió los ojos al ciego, hacer también que éste no muriera?
38
Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.
39
Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.
40
Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
41
Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto: Y Jesús alzando [sus] ojos, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.
42
Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la gente que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.
43
Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!
44
Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.
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