11
Cuando los oídos que [me] oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio:
12
Porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador.
13
La bendición del que estaba a punto de perecer venía sobre mí; y al corazón de la viuda daba alegría.